Hogar La Misericordia

El Hogar de La Misericordia se encuentra en Mbujimayi, capital de la provincia de Kasay Oriental, en el centro sur de la R. D. Congo, uno de los países más pobres del mundo.

Afectados por la guerra, la muerte prematura de sus padres, la falta de recursos económicos de sus familias y una cultura ancestral que a menudo desprotege al más débil, cada año miles de niños congoleños son abandonados a su suerte. Si son afortunados, terminan acogidos en alguno de los pocos orfanatos existentes en el país, especialmente en las zonas rurales como es el Kasay Oriental.

Las hermanas de la congregación Santa Ángela de Merici ofrecen a estos menores algo más que un centro en el que pasar su niñez. Los acogen, les dan sustento, cariño, seguridad, acompañamiento, educación,… hasta que se convierten en adultos capaces y valiosos para la comunidad. Los niños y las niñas se apoyan entre sí como verdaderos hermanos y hermanas, y las religiosas tratan de hacer de padres y madres, tías y abuelas para ellos. En definitiva, el orfanato es el hogar y la familia de los menores acogidos en él.

Como todas las familias, la que habita en este Hogar de La Misericordia debe luchar cada día para responder a sus necesidades materiales: alimentación, limpieza e higiene, educación, salud, ropa,…  Las religiosas no disponen de ingresos propios, hasta el momento tratan de subsistir de la beneficencia, repartiendo en la mesa lo que se obtiene cada día.

Mantener en funcionamiento este hogar supone un coste de unos 30€/mes por niño. Este coste, como el de cualquier familia, comprende: 3 comidas diarias, atención sanitaria, ropa y mantenimiento del hogar (menaje, lencería, pequeñas reparaciones,…). Incluye también un pequeño presupuesto para actividades de ocio como celebraciones de cumpleaños. Con otros 5€/mes aseguramos su escolarización hasta finalizar la educación secundaria.

El compromiso adquirido por Dilaya con este Hogar de La Misericordia consiste en

1) financiar su funcionamiento para que pueda mantener sus puertas abiertas y seguir ofreciendo la oportunidad de vivir en familia a tantos niños y niñas abandonados en las calles de Mbujimayi

2) asegurar a estos menores la escolarización primaria y secundaria

Las condiciones materiales en las que viven estos niños y niñas son muy precarias e influyen muy directamente en su salud y en su rendimiento académico, que es tanto como decir en sus oportunidades de futuro.

A pesar de las apariencias, bajo la pintura todos los edificios están hechos de adobe, es decir, barro y paja. Incluso encalando con frecuencia, en este sustrato se multiplican los parásitos, especialmente en las épocas de lluvias. Toda la estructura es muy antigua y se desmorona. Los tejados, de chapa, ya están oxidados y agujereados, por lo que aparecen constantes goteras.

En los puntos en los que se acumula el agua y la humedad crían los mosquitos que transmiten la malaria y otras enfermedades.

Faltan camas y colchones en buenas condiciones, que aseguren un descanso adecuado.

Como solo hay luz natural 12 horas cada día y en el hogar no hay luz eléctrica, los estudiantes de secundaria disponen de muy pocas horas de estudio al día, teniendo en cuenta además que dentro de las responsabilidades de estos muchachos se incluye colaborar con las tareas del hogar antes y después de acudir al instituto.

Dadas estas circunstancias, junto con Mamán Régine y Maman Anastasie, responsables del hogar, nos planteamos la necesidad de derribar los dormitorios para construirlos por completo de nuevo, y remodelar las áreas comunes. Además, sería el momento adecuado para trasladar a una parte de los chavales adolescentes a otra comunidad que las hermanas tienen en el barrio de Salongo, también en Mbujimayi. Al reducir el número de niños/as se crea un ambiente más familiar, menos institucionalizado.

Como el proyecto es muy ambicioso lo hemos dividido en fases: la primera consistió en construir en Salongo una residencia para 16 adolescentes y una casita para las dos hermanas que les cuidan. Más abajo podéis ver el desarrollo de la obra que se inició en noviembre de 2017 y finalizó en septiembre de 2018